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Gracias Chino

El fútbol está de luto, se fue una de esas especies en extinción, que ya casi no abundan en las canchas. Colgó los botines el jugador que, sin lugar a duda, es lo mejor que vi yo, en vivo, dentro de las cuatro líneas de cal. El “Chino”, Álvaro Alexander Recoba Rivero, el 20, el “Último Genio”, ése, el de los goles olímpicos, después de más de veinte años, dejó el fútbol.

 

Deja el deporte más lindo, un triunfador en excelencia. Un tipo que supo triunfar tanto acá, como en Europa. Un triunfador nato. Un tipo que llegó a uno de los equipos más grandes del viejo continente, y justo el día de su presentación oficial le toco debutar junto a un tal Ronaldo, que venía con una carpeta importantísima de ser el fichaje del año. El Chino le opacó la noche. Jugó el segundo tiempo, metió dos golazos, e hizo que por esa noche se olvidaran de Ronaldo, y se preguntaran “¿y éste? ¿quién es)”. ¡Si les habrá demostrado quién es! Se hizo ídolo, se metió a la gente en el bolsillo con golazos, ¡y qué golazos!, me cuesta encontrar goles suyos que no sean golazos. En Milano, media ciudad lo amaba. Fue ídolo, capitán, líder, fue todo. Formó parte de uno de los mejores equipos de la historia del Inter, llegando a ganar varias ligas, copas internacionales y locales.

 

Pero no todo es color de rosas. Tuvo sus momentos malos, como todo, pero supo sortearlos y triunfar una y otra vez. Tocó ir a préstamo, ir al banco, venir a la selección y aguantar las críticas.

 

Doce temporadas en Europa, para volver al país, al equipo que le vió nacer, al de la curva. Pero todos sabíamos que ese no era su destino. Su destino estaba pintado en blanco, pero también de rojo y azul.

 

En 2011 volvió a su casa. Volvió bajo una lluvia de críticas. “¡Que está viejo!”, “¡qué se vino a Danubio!”, “¡que no va a rendir!”; “¡viene robar la plata!”. ¿Cómo podría estar viejo, si la calidad no tiene vencimiento?, ¿cómo que viene a robar la plata, si firmó un contrato en blanco y que. le pagaran lo que quisieran? Las críticas no le importaban, él solo quería jugar y triunfar con SU equipo, el equipo que ama, Nacional. Nacional fue, es y será su casa.

En la primer temporada fue campeón, ganó los dos clásicos, haciendo goles en ambos para ganarlos como le gusta al hincha, de atrás, ¡y de penal!.

Luego de ese año triunfante, vinieron algunos momentos difíciles. La gente lo quería retirar, que ya estaba, que ya no podía rendir más. Pero él seguía. Un gol olímpico acá, un tiro libre allá. Hasta que en 2014 se consagró. Un nueve de noviembre de 2014 le calló la boca a todo aquel que osó criticarlo alguna vez. Ése golazo ante Peñarol, a los 95', para darlo vuelta en cinco minutos y ganar el clásico mas eufórico de la historia, éso es impagable para cualquier hincha. Cómo si fuera poco, se retiró de la misma forma que vivió siempre, triunfando. Se retiró campeón, cómo llegó.

 

Tengo la autoridad de decir que fue el mejor jugador que ví jugar al fútbol entré las cuatro líneas. Pagar una entrada se justificaba cuando jugaba él. Uno sabía, de seguro, que iba a ver magia. Uno sabía que vería un gol olímpico, un golazo, un tiro libre fenomenal, un lujito de ésos que sólo él sabe. La recibía de espaldas, no miraba a nadie y de primera se la ponía en el pie al que cruzaba por atrás. No corría, pero con las piernas. Su cabeza corría, se movía como nadie, y él veía el fútbol como muy pocos.

 

El fútbol te va a extrñar Chinito, mucho. El fútbol está en deuda contigo. Cómo escribió e “Pela Núñez”: Gracias Chino, no te pido más, mirá que lindo esos pañuelos en el aire una vez más.

 

 

 

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Los puntos de vista y opiniones expresadas en este post son solamente las del autor y no representan necesariamente las de Pasión Fútbol.

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